La sangre es hermosa, pienso, mientras la observo fluir a través de mi dedo. Brota cálida y líquida desde la herida y tiñe de rojo intenso el pañuelo de papel. Va dibujando curiosas formas, en partes más oscuras que en otras, hasta desteñirse en un pálido color rosa. Algunas manchas parecen flores, otras son como retratos surrealistas. El dedo punza, con un suave dolor, al ritmo de los latidos del corazón y por cada pulsación brota otro poco de sangre...
Que placentero es el dolor de estar vivo.